4.3.13

Meditación


                            -Uno no medita, uno sólo está en meditación-




Cuando hablamos de la práctica de la meditación, estamos hablando de una manera de ser. Desgraciadamente, la palabra “meditación” no es la traducción más adecuada de los términos sánscritos d...hyana y samadhi. Cuando alguien usa el verbo “meditar”, o alguna forma verbal como “meditando”, cabe preguntar: “¿sobre que está meditando?” o “¿en qué está meditando?”. Son preguntas típicas que suele hacer la gente. Sin embargo, la filosofía de Buda no contempla el uso del verbo “meditar”, sino tan sólo del sustantivo “meditación”.

No es posible “meditar”; uno no medita, uno está en un estado de meditación. Es posible que esta distinción les parezca muy difícil de aceptar. Aquí tenemos un problema lingüístico, un problema gramatical: “meditar” no forma parte del vocabulario budista, mientras que “meditación” sí.



La forma nominal “meditación” denota que uno ya está en un estado de meditación. En cambio, cuando uno usa el verbo “meditar”, suena a que está en actividad constante, meditando sobre algún objeto; evoca la idea de concentrarse, por ejemplo, en la llama vacilante de una vela, de observar un palito de incienso que se consume, de sentir el pulso o los latidos del corazón, de escuchar la melodía interna de alguna fórmula mántrica que le da vueltas a uno en la cabeza, o lo que sea. Sin embargo, según el buddhadharma, la meditación es algo muy simple: uno no medita, uno sólo está en meditación. Dhyana es un sustantivo y no un verbo y alude al hecho de estar en un estado de dhyana; no es posible estar “dhyaneando”. La meditación en este caso carece de objeto, de objetivo, de punto de referencia. Se trata simplemente de ser un individuo que está dispuesto a asumir una disciplina, no para complacer a Dios o al Buda, ni al maestro, ni tampoco para complacerse a sí mismo. Uno se sienta, sin más. Se mantiene derecho. Permanece sentado durante un tiempo. Se sienta sencillamente, sin propósito, objetivo ni meta; sin nada, absolutamente nada. Se sienta, y punto…

La meditación no se considera como una forma de pasar el rato; simplemente consiste en sentarse y estar, nada más.



Si examinamos nuestro pasado, desde que nacimos, o desde que empezamos a ir al colegio, veremos que jamás nos hemos sentado. Jamás. Es posible que a veces hayamos estado por ahí ociosos, muertos de aburrimiento y lamentándonos de nuestra situación…Pero jamás nos hemos sentado. Jamás hemos estado sentados como una roca. Jamás. ¿Qué les parece?...



Es muy interesante observar que nadie jamás ha experimentado lo que es sentarse en un cojín sin el menor propósito. Es lo menos razonable que hay, algo que a nadie se le ocurriría hacer. Incluso nos cuesta imaginarlo. Es impensable. Es terrible. Estaríamos perdiendo el tiempo.

Y con esto hemos dado en el clavo: perder el tiempo. Tal vez ahí está el quid del asunto. Perder el tiempo. Démosle un descanso al tiempo. Dejemos que se pierda. Podemos crear tiempo virgen, tiempo no contaminado, tiempo que no está entorpecido por la agresión, la pasión y la prisa. Creemos tiempo puro. Sentémonos y creemos tiempo puro…

Antes de aprender a deletrear debemos conocer el abecedario.

(Los que ya han empezado a recorrer el camino deberán replantearse el viaje. Es imprescindible empezar por el principio, en vez de empezar a medio camino y saltarse el comienzo; eso sería como construir un castillo encima de un bloque de hielo o instalarse a vivir en un avión.)



Debemos estar realmente dispuestos a aceptar el aburrimiento de permanecer sentados, a relacionarnos con esa forma particular de sensatez que es la cordura incondicional. Esa sensatez no es una lucha contra la insensatez, ni una forma de conjurarla. Se trata de algo muy fundamental y sencillo, se trata de ser simplemente lo que somos. Ése es el punto clave según el Buda.



( “El camino es la meta” . Chögyam Trungpa. . Ed. Oniro )

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