7.6.13

Los enemigos....


Los verdaderos sabios no se lamentan ni por los vivos ni por los muertos. Por lo tanto, acepta el combate que te espera mañana, porque estamos hechos por el Espíritu Eterno, que muchas veces nos pone ante situaciones que debemos afrontar. En ese momento, hay que olvidar las preguntas inútiles, porque lo único que hacen es perturbar los reflejos del guerrero. Un guerrero en el campo de batalla está cumpliendo su destino, y a él debe entregarse. ¡Pobres los que piensan que pueden matar o morir! La Energía Divina no puede destruirse, lo que hace es cambiar de forma. Decían los sabios de la Antigüedad:
Acátalo como un designio superior y sigue adelante. No son las batallas terrenas las que definen al hombre, porque igual que el viento cambia de dirección, también la suerte y la victoria soplan en todos los sentidos. El derrotado de hoy esvidnzar 
Igual que alguien se pone ropa nueva y tira la vieja, el alma acepta nuevos cuerpos materiales y abandona los viejos e inútiles. Sabiendo esto, no debes preocuparte por tu cuerpo. Ése es el combate que afrontaremos esta noche o mañana por la mañana. La historia se encargará de contar cómo fue. Pero, como estamos llegando al final de nuestro encuentro, no podemos perder tiempo con eso. Quiero, por tanto, hablaros de otros enemigos: los que se encuentran a nuestro lado.
Todos vamos a tener que enfrentarnos a muchos adversarios en la vida, sin embargo el más difícil de derrotar será aquel al que tememos. Todos nos vamos a encontrar con rivales en cualquier cosa que hagamos. Sin embargo, los más peligrosos serán aquellos que creemos que son nuestros amigos. Todos vamos a sufrir cuando nos ataquen y nos hieran en nuestra dignidad, pero el dolor más grande será el provocado por aquellos que considerábamos un ejemplo para nuestra vida.
Nadie puede evitar cruzarse con aquellos que lo van a traicionar y a calumniar. Pero todos podemos apartar el mal antes de que muestre su verdadera naturaleza, porque un comportamiento excesivamente gentil es la prueba del puñal escondido y listo para que lo usen. Los hombres y las mujeres leales no se sienten incómodos al mostrarse como son, porque otros espíritus leales entienden sus cualidades y sus defectos. Pero apártate de alguien que intenta agradarte todo el tiempo.
Y cuidado con el dolor que tú mismo puedes provocarte si dejas que un corazón cobarde y vil forme parte de tu mundo. Una vez que el mal esté consumado, no vale de nada culpar a nadie: la puerta la abrió el dueño de la casa. Cuanto más débil es el calumniador, más peligrosas son sus acciones. No seas vulnerable a los espíritus débiles que no soportan ver un espíritu fuerte. Si alguien se enfrenta a ti por culpa de tus ideas o tus ideales, acércate y acepta la lucha, porque no hay un momento en la vida en que el conflicto no esté presente, y a veces tiene que mostrarse a la luz del día. Pero no luches para demostrar que estás en lo cierto ni para imponer tus ideas e ideales. Acepta el combate para mantener su espíritu limpio y tu voluntad impecable. Cuando la lucha acabe, ambas partes serán vencedoras, porque han medido sus límites y sus habilidades. Aunque en un primer momento uno de ellos diga: «He vencido.» Y el otro se sienta triste y piense: «Me han derrotado.»
Como ambos respetan el coraje y la determinación del otro, llegará el día en el que volverán a caminar de la mano, aunque para ello tengan que esperar mil años. Sin embargo, si aparece alguien sólo para provocarte, limpia el polvo de tus zapatos y sigue adelante. Lucha sólo con quien lo merezca, y no con el que usa artimañas para prolongar una guerra que ya ha terminado, como suceadont>de con todas las guerras. La crueldad no es la de los guerreros que se encuentran en un campo de batalla y saben lo que hacen ahí, sino la de los que manejan la victoria y la derrota según sus intereses. El enemigo no es el que tienes delante con la espada en la mano. Es el que está a tu lado con el puñal en la espalda. La más importante de las guerras no es la que se desencadena con el espíritu elevado mientras el alma acepta su destino. Es la que está en curso en este momento en que hablamos, y el campo de batalla es el Espíritu, donde se enfrentan el Bien y el Mal, el Coraje y la Cobardía, el Amor y el Miedo. No intentes pagar el odio con odio, sino con justicia. El mundo no se divide entre enemigos y amigos, sino entre débiles y fuertes. Los fuertes son generosos en la victoria. Los débiles se unen y atacan a los que perdieron, sin saber que la derrota es transitoria. Entre los perdedores, escogen a aquellos que parecen más vulnerables. Si eso te sucede, pregúntate si te
gustaría asumir el papel de víctima. Si la respuesta es sí, no te librarás de ello el resto de tu vida. Y serás presa fácil cada vez que te encuentres ante una decisión que exige coraje. Tu mirada de derrotado es siempre más fuerte que tus palabras de vencedor, y lo notarán todos. Si la respuesta es no, resiste. Mejor reaccionar ahora, cuando las heridas se pueden curar fácilmente, aun cuando lleve tiempo y paciencia. Pasarás algunas noches en vela pensando: «No merezco esto.»
O pensando que el mundo es injusto porque no te dio la acogida que esperabas. Muchas veces te sentirás avergonzado por la humillación sufrida ante los demás compañeros, la amada, los padres. Pero, si no desistes, la jauría de hienas se alejará e irá en busca de otras víctimas. Ésos tendrán que aprender la misma lección por sí mismos, porque nadie podrá ayudarlos.
Por tanto, los enemigos no son los adversarios puestos ahí para comprobar tu coraje. Son los cobardes, puestos ahí para comprobar tu debilidad.

Manuscrito encontrado en Accra

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