13.11.10

Reirse....


Spernere mundum. Reirse del mundo.

Spernere ipsum. Reirse de uno mismo.

Spernere neminem. No reírse de nadie.

Spernere se sperni. Reirse del hecho de reírse.



SAN BERNARDO

30.8.10

Quien es...?


Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? (Mc 8,27)

Hace dos mil años un hombre formuló esta pregunta a un grupo de amigos. Y la historia no a terminado aún de responderla. El que preguntaba era simplemente un aldeano que hablaba a un grupo de pescadores. Nada hacía sospechar que se tratara de alguien importante. Vestía pobremente. El y los que le rodeaban eran gente sin cultura, sin lo que el mundo llama “cultura”. No poseían títulos ni apoyos. No tenían dinero ni posibilidades de adquirirlo. No contaban con armas ni con poder alguno. Eran todos ellos jóvenes, poco más que unos muchachos, y dos de ellos –uno precisamente el que hacía la pregunta- morirían antes de dos años con la más violenta de las muertes.

Todos los demás acabarían, no mucho después, en la cruz o bajo la espada. Eran, ya desde el principio, y lo serían siempre, odiados por los poderosos. Pero tampoco los pobres terminaban de entender lo que aquel hombre y sus doce amigos predicaban. Era, efectivamente, un incomprendido. Los violentos le encontraban débil y manso. Los custodios del orden le juzgaban, en cambio, violento y peligroso. Los cultos le despreciaban y le temían. Los poderosos se reían de su locura. Había dedicado toda su vida a Dios, pero los ministros oficiales de la religión de su pueblo le veían como un blasfemo y un enemigo del cielo.

Eran ciertamente muchos los que le seguían por los caminos cuando predicaba, pero a la mayor parte les interesaban más los gestos asombrosos que hacía o el pan que les repartía alguna vez que todas las palabras que salían de sus labios. De hecho todos le abandonaron cuando sobre su cabeza rugió la tormenta de la persecución de los poderosos y sólo su madre y tres o cuatro amigos más le acompañaron en su agonía.

La tarde de aquel viernes, cuando la losa de un sepulcro prestado se cerró sobre su cuerpo, nadie habría dado un céntimo por su memoria, nadie habría podido sospechar que su recuerdo perduraría en algún sitio, fuera del corazón de aquella pobre mujer –su madre- que probablemente se hundiría en el silencio del olvido, de la noche y de la soledad.

Y sin embargo, veinte siglos después, la historia sigue girando en torno a aquel hombre. Los historiadores –aún los más opuestos a él- siguen diciendo que tal hecho o tal batalla ocurrió tantos o cuantos años antes o después de él. Media humanidad, cuando se pregunta por sus creencias, sigue usando su nombre para denominarse. Dos mil años después de su vida y su muerte, se siguen escribiendo cada año más de mil volúmenes sobre su persona y su doctrina. Su historia ha servido como inspiración para, al menos, la mitad de todo el arte que ha producido el mundo desde que él vino a la tierra. Y cada año, decenas de miles de hombres y mujeres dejan todo –su familia, sus costumbres, tal vez hasta su patria- para seguirle enteramente, como aquellos doce primeros amigos.

¿Quién, quién es este hombre por quién tantos han muerto, a quien tantos han amado hasta la locura, y en cuyo nombre se han hecho también -¡ay!- tantas violencias? Desde hace dos mil años, su nombre ha estado en la boca de millones de agonizantes, como una esperanza, y de millares de mártires, como un orgullo. ¡Cuántos han sido encarcelados y atormentados, cuántos han muerto sólo por proclamarse seguidores suyos! Y también -¡ay!- ¡cuantos han sido obligados a creer en él con riesgo de sus vidas, cuántos tiranos han levantado su nombre como una bandera para justificar sus intereses o sus dogmas personales! Su doctrina, paradogicamente inflamó el corazón de los santos y las hogueras de la Inquisición. Discípulos suyos se han llamado los misioneros que cruzaron el mundo sólo para anunciar su nombre y discípulos suyos nos atrevemos a llamarnos quienes -¡por fin!- hemos sabido compaginar su amor con el dinero.

¿Quién es, pues, este personaje que parece llamar a la entrega total o al odio frontal, este personaje que cruza de medio a medio la historia como una espada ardiente y cuyo nombre –o cuya falsificación produce frutos tan opuestos de amos o de sangre, de locura magnífica o de vulgaridad? ¿Quién es y qué hemos hecho de él, cómo hemos usado o traicionado su voz, qué jugo misterioso o maldito hemos sacado de sus palabras? ¿Es fuego o es opio? ¿Es bálsamo que cura, espada que hiere o morfina que adormila? ¿Quién es? ¿Quién es?


JOSE LUIS MARTIN DESCALZO

20.5.10

Siempre Xacobeo...



Veinte años después: Ave Fénix

Recorriendo el Camino de Santiago veinte años después de la peregrinación que dio origen a mi primer libro, paro en Villafranca del Bierzo. Allí, una de las figuras más emblemáticas del recorrido, Jesús Jato, construyó un refugio para peregrinos. Vinieron las gentes de la aldea, y pensando que Jato era un brujo, incendiaron el lugar. Él no se dejó intimidar y, junto a Mari Carmen, su mujer, volvió a empezar desde el principio. Al lugar le cambiaron entonces el nombre y lo llamaron Ave Fénix, el pájaro que renace de sus cenizas.

Jato es bien conocido por preparar la “queimada”, un tipo de bebida alcohólica de origen celta, que se bebe en una especie de ritual, también celta. En esta fría noche de primavera, se encuentran en el Ave Fénix una canadiense, dos italianos, tres españoles y una australiana.

Y Jato les cuenta a todos algo que me ocurrió a mí en 1986, y que no me atreví a incluir en el libro El peregrino de Compostela (Diario de un mago)convencido de que los lectores no se lo creerían.

-Un cura local pasó por aquí, avisando que un peregrino había pasado por Villafranca esa mañana y no había llegado a Cebreiro (la etapa siguiente), por lo que no cabía duda de que debía de encontrarse perdido por el bosque – dijo Jato -. Fui a buscarlo, y conseguí encontrarlo dos horas más tarde, durmiendo en una caverna. Era Paulo. Cuando lo desperté, él se quejó: “¿Es que no voy a poder dormir ni siquiera una hora en este camino?”. Le expliqué que no dormía hace apenas una hora, sino que llevaba allí más de un día.

Lo recuerdo como si hubiese ocurrido hoy: me sentía cansado y deprimido, decidí parar un poco, descubrí la caverna, me tumbé en el suelo. Cuando abrí los ojos y vi a este sujeto, estaba seguro de que tan sólo habían pasado algunos minutos, porque ni siquiera había cambiado de posición. Nunca he llegado a entender exactamente cómo ocurrió tal cosa, y tampoco le busco explicaciones: he aprendido a convivir con el misterio.

Todos bebemos la “queimada”, acompañando a Jato en sus “¡uuuh!” mientras él pronuncia los versos ancestrales. Al final, la canadiense se me acerca.

-No soy el tipo de persona que anda a la búsqueda de tumbas de santos, ríos sagrados, lugares milagrosos o apariciones. Para mí, peregrinar es celebrar. Tanto mi padre como mi madre murieron jóvenes, de paro cardíaco, y tal vez yo tenga propensión a lo mismo.

»Por lo tanto, como tal vez parta pronto de esta vida, necesito conocer el mundo al máximo, y obtener toda la alegría que merezco.

»Cuando murió mi madre, yo me prometí a mi misma alegrarme siempre que saliera el sol cada mañana. Mirar hacia el futuro, pero nunca sacrificar el presente por esta razón. Cuando el amor se cruzase en mi camino, aceptarlo siempre. Vivir cada minuto, jamás dejar para más tarde algo que pudiera alegrarme.

Me acuerdo de 1986, cuando yo también lo dejé todo para realizar este recorrido que acabaría cambiándome la vida. En aquella época, mucha gente me criticó, pensado que era una locura. Tan sólo mi mujer me brindó el apoyo necesario. Me dice la canadiense que había ocurrido lo mismo con ella, y me entrega un texto que lleva consigo:

-Es parte del discurso que el presidente norteamericano Theodore Roosevelt pronunció en la Sorbona de París el 23 de abril de 1910.

Leo lo que está escrito en el papel:

El crítico no aporta absolutamente nada: todo lo que hace es apuntar con dedo acusador en cuanto el fuerte se tropieza y cae, o cuando comete un error mientras está trabajando en algo. El verdadero mérito lo tiene quien está en la arena, con la cara sucia de polvo, sudor y sangre, luchando con arrojo.

El verdadero mérito lo tiene el que se equivoca, el que falla, pero que poco a poco va dando en el clavo, porque no hay esfuerzo sin error. Éste conoce el gran entusiasmo, la gran devoción, y está empleando su energía en algo que merece la pena. Éste es el verdadero hombre, que en la mejor de las hipótesis conocerá la victoria y la conquista, y que, en la peor, caerá. Pero hasta en su caída será grande, porque vivió con valentía, y estuvo por encima de aquellas almas mezquinas que nunca conocieron ni victorias ni derrotas.



La concha como símbolo

El día en que el barco con los restos mortales de Tiago llegaba a Galicia, una fuerte tempestad amenazaba con aplastarlo contra las rocas de la costa.

Un hombre que pasaba por allí, al ver aquello, entra en el mar con su caballo para intentar ayudar a los navegantes. No obstante, también él se convierte en víctima de la furia de los elementos, y empieza a ahogarse. Pensando que todo está perdido, pide a los cielos piedad para su alma.

En ese momento, la tempestad se calma, y tanto el barco como el caballero son gentilmente conducidos hasta una playa. Allí, los discípulos Atanasio y Teodoro se dan cuenta de que el caballo está cubierto de cierto tipo de conchas, conocidas también como “vieiras”.

En homenaje al heroico gesto, esta concha pasa a ser el símbolo del Camino, y se puede encontrar en muchos edificios a lo largo de la ruta, y en los puentes, y en los monumentos, pero, sobre todo, en las mochilas de los peregrinos.



Intentando engañar al destino

En su camino hacia Galicia, durante la Reconquista (guerras religiosas que concluyeron con la expulsión de los árabes de la Península Ibérica), el emperador Carlo Magno se enfrenta a las tropas de un traidor en las proximidades de Monjardín. Antes de la batalla, reza a Santiago, que le revela el nombre de 140 soldados que van a morir en la batalla. Carlo Magno deja a estos hombres en el campamento, y marcha a la lucha.

Al final de esa tarde, victorioso y sin ni una sola baja en su ejército, regresa y descubre que el campamento ha sido incendiado, y que los 140 hombres están muertos.



El Pórtico de la Gloria

Al llegar a Santiago de Compostela, el caminante debe seguir una serie de rituales, entre ellos, apoyar la mano en un bellísimo pórtico situado en la entrada principal de la iglesia. Cuenta la leyenda que dicha obra de arte fue encargada por el rey Fernando II, en 1187, a un artesano encargado que se llamaba Mateus.

Durante años, él trabajó el mármol, esculpiendo incluso su propia figura, de rodillas, en la parte trasera de la columna central.

Cuando Mateus concluyó su obra, los habitantes de la ciudad decidieron perforarle los ojos, para que nunca pudiese repetir semejante maravilla en ningún otro lugar del mundo.

PAULO COELHO



4.5.10

Xacobeo...


CAMINO DE SANTIAGO


Un italiano que conocí Camino de Santiago llamado Santo –Santo in Vita, decía él-, me contó su historia, una bonita historia.

Tenía 65 años, terminaba de jubilarse, y así tras finiquitar su etapa laboral partió de Roncesvalles, rumbo a Santiago, caminamos algunos días juntos dentro de un grupo que se formó, (al llevar el mismo ritmo), y así en pleno infierno del verano castellano, antes de arribar al albergue de San Nicolas regentado por monjes hospitalarios italianos, caminábamos el citado grupo de siete personas charlando amigablemente cuando contó:

“Tenía veinte años, estudiaba ingeniería en Florencia, ligaba bastante, pero…conocí a una estudiante española que cursaba allí, en Florencia…fue instantáneo.”

Comencé a cortejarla, la intenté seducir pero…no había manera. Intentaba que viniera a cenar a casa “Yo soy un caballero…te haré una cena que no olvidaras”.

(Puedo dar fé de que era un gran cocinero, en el camino preparó algunos manjares con muy pocos medios)

“Tras muchos intentos infructuosos finalmente accedió a venir a cenar, le preparé una suculenta cena esa y muchas otras noches”.

“Nos enamoramos y vivimos unos inolvidables años estudiando y disfrutando en Florencia. Nos prometimos que iríamos juntos a Santiago en agradecimiento por habernos conocido.”

“Finalizados los estudios, ella volvió a Madrid y yo comencé a trabajar como ingeniero, nos comunicábamos por carta y por teléfono, algunas veces yo iba a Madrid, la mayoría ella venía a Florencia.”

“Un día su padre vino a verme, era un empresario muy adinerado de Madrid, me dijo que no tenía hijos varones, que yo marchara a Madrid y me hiciera cargo con el tiempo de los negocios familiares.”

“Dije que no, que quería valerme por mi mismo en la vida y cuando pudiera, entonces me casaría con su hija.”

...

“Algún tiempo después recibí una llamada del padre…la hija estaba enferma…”

“Llamaba por teléfono y no podía comunicarme con ella…estaba muy enferma…”

“Al poco…murió….”

...

“Enloquecí completamente, marché con la legión extranjera a la guerra de Argelia, no tenía miedo a la muerte, era como si…las balas pasaran a mi alrededor y milagrosamente no me alcanzaran, como si algo me protegiera…”

“En el camino es igual…llegó a un albergue…está lleno…pero finalmente me dicen que queda una cama para mi, el albergue está lleno y la cama de al lado de la mía está libre…no duerme nadie allí…”

“Al caminar parece que alguien camina tras de mi…me giro y no hay nadie…”

“Tras la guerra de Argelia deambulé sin pena ni gloria algunos años más hasta que finalmente conocí otra mujer…”

“Me casé, tuve hijos, rehice mi carrera de ingeniero hasta hoy y fuimos muy felices, una excelente mujer.”

“Hace tres meses, cuando me jubilé me dijo: ”Ahora ve y cumple la promesa que hiciste.”

18.4.10

la lluvia

Las lagrimas que derramé en el pasado se han convertido en lluvia que riega suavemente mi jardin de hoy.

THICH NHAT HANH

17.4.10

la libertad...






Seguí caminando.

Llegué al control.

Me despedí del funcionario.

Crucé la raya y pisé la libertad.

Miré hacia atrás, guardo en mi retina la imagen del edificio en aquel día caluroso y soleado.

No sentí ni una brizna de rencor.

Sonreí.

Diez años de mi vida quedaban atrás,

algunos de ellos prendidos de aquellos muros,

de aquellos alambres,

de aquellos aquellos olores,

de aquellos gritos enloquecidos,

de aquellas madrugadas perennes,

y de algunos que se alegraron

al tiempo que sintieron que aquel día fuera

el último de mi vida como prisionero de Alcalá-Meco.


DE MOMENTO HABIA GANADO

PORQUE HABIA CONSEGUIDO

SOPORTAR LO INSOPORTABLE

Y TOLERAR LO INEVITABLE

SIN EL MENOR DAÑO INTERIOR.


AHORA ME SENTÍA LIBRE,

PERO LIBRE DE VERDAD.

MARIO CONDE

1.4.10

Deciamos ayer...




Altísimo, omnipotente, buen Señor,



tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición.


A ti solo, Altísimo, corresponden,


y ningún hombre es digno de hacer de ti mención.


Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,


especialmente el señor hermano sol,


el cual es día, y por el cual nos alumbras.


Y él es bello y radiante con gran esplendor,


de ti, Altísimo, lleva significación.


Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas,


en el cielo las has formado luminosas y preciosas y bellas.


Loado seas, mi Señor, por el hermano viento,


y por el aire y el nublado y el sereno y todo tiempo,


por el cual a tus criaturas das sustento.


Loado seas, mi Señor, por la hermana agua,


la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta.


Loado seas, mi Señor, por el hermano fuego,


por el cual alumbras la noche,


y él es bello y alegre y robusto y fuerte.


Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra,


la cual nos sustenta y gobierna,


y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba.


Loado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor,


y soportan enfermedad y tribulación.


Bienaventurados aquellos que las soporten en paz,


porque por ti, Altísimo, coronados serán.


Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal,


de la cual ningún hombre viviente puede escapar.


¡Ay de aquellos que mueran en pecado mortal!:


bienaventurados aquellos a quienes encuentre en tu santísima voluntad,


porque la muerte segunda no les hará mal.


Load y bendecid a mi Señor,


y dadle gracias y servidle con gran humildad.


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