3.8.13

Manual para subir montañas



1. Escoge la montaña que deseas subir: no te dejes llevar por los comentarios de los demás, que dicen “esa es más bonita”, o “aquella es más fácil”. Vas a gastar mucha energía y entusiasmo en alcanzar tu objetivo, y por lo tanto eres tú el único responsable y debes estar seguro de lo que estás haciendo.
2. Sabe como llegar frente a ella: muchas veces, vemos la montaña de lejos, hermosa, ineresante, llena de desafíos. Pero cuando intentamos acercarnos, ¿qué ocurre? Que es´ta rodeada de carreteras, que entre tú y tu meta se interponen bosques, que lo que parece claro en el mapa es difícil en la vida real. Por ello, intenta todos los caminos, todas las sendas, hasta que por fin un día te encuentres frente a la cima que pretendes alcanzar.
3. Aprende de quien ya caminó por allí: por más que te consideres único, siempre habrá alguien que tuvo el mismo sueño antes que tú, y dejó marcas que te pueden facilitar el recorrido; lugares donde colocar la cuerda, picadas, ramas quebradas para facilitar la marcha. La caminata es tuya, la responsabilidad también, per no olvides que la experiencia ajena ayuda mucho.
4. Los peligros, vistos de cerca, se pueden controlar: cuando empieces a subir la montaña de tus sueños, presta atención a lo que te rodea. Hay despeñaderos, claro. Hay hendiduras casi imperceptibles. Hay piedras tan pulidas por las tormentas que se vuelven resbaladizas como el hielo. Pero si sabes dónde pones el pie, te darás cuenta de los peligros y sabrás evitarlos.
5. El paisaje cambia, así que aprovéchalo: claro que hay que tener un objetvo en mente: llegar a lo alto. Pero a medida que se va subiendo, se pueden ver más cosas, y no cuesta nada detenerse de vez en cuando y disfrutar un poco del panorama de alrededor. A cada metro conquistado, puedes ver un poco más lejos; aprovecha eso para descubrir cosas de las que hasta ahora no te habias dado cuenta.

6. Respeta tu cuerpo: sólo consigue subir una montaña aquél que presta a su cuerpo la atención que merece. Tú tienes todo el tiempo que te da la vida, así que, al caminar, no te exijas más de lo que puedas dar. Si vas demasiado deprisa, te cansarás y abandonarás a la mitad. Si lo haces demasiado despacio, caerá la noche y estarás perdido. Aprovecha el paisaje, disfruta del agua fresca de los manantiales y de los frutos que la naturaleza generosamente te ofrece, pero sigue caminando.

7. Respeta tu alma: no te repitas todo el rato “voy a conseguirlo”. Tu alma ya lo sabe. Lo que ella necesita es usar la larga caminata para poder crecer, extenderse por el horizonte, alcanzar el cielo. De nada sirve una obsesión para la búsqueda de un objetivo, y además termina por echar a perder la escalada. Pero atención, tampoco te repitas “es más difícil de lo que pensaba”, pues eso te hará perder la fuerza interior.
8. Prepárate para caminar un kilómetro más: el recorrido hasta la cima de la montaña es siempre mayor de lo que pensabas. No te engañes, ha de llegar el momento en que aquello que parecía cercano está aún muy lejos. Pero como estás dispuesto a llegar hasta allí, eso no ha de ser un problema.
9. Alégrate cuando llegues a la cumbre: llora, bate palmas, grita a los cuatro vientos que lo has conseguido, deja que el viento allá en lo alto (porque allá en la cima siempre hace viento) purifique tu mente, refresca tus pies sudados y cansados, abre los ojos, limpia el polvo de tu corazón. Piensa que lo que antes era apenas un sueño, una visión lejana, es ahora parte de tu vida. Lo conseguiste.
10. Haz una promesa: aprovechas que has descubierto una fuerza que ni siquiera conocías, y dite a ti mosmo que a partir de ahora, y durante el resto de tus días, la vas utilizar. Y, si es posible, promete también descubrir otra montaña, y parte en una nueva aventura.
11. Cuenta tu historia: sí, cuenta tu historia. Ofrece tu ejemplo. Di a todos que es posible, y así otras personas sentirán el valor para enfrentarse a sus propias montañas.
Paulo Coelho

1.8.13

El rebelde...


Si No es Ahora, Cuando?

Así es como el hombre ha vivido hasta ahora: tus ayeres te preparan para tus mañanas. La misma preparación se convierte en un obstáculo: no puedes respirar libremente, no puedes amar libremente, no puedes danzar libremente. El pasado te ha dejado inutilizado completamente. La carga del pasado es tan pesada que todo mundo ha quedado aplastado por ella.

El rebelde le dice simplemente adiós al pasado.

Es un proceso constante, de ahí que ser un rebelde implique estar en rebelión contínua, porque cada momento se está convirtiendo en pasado, cada día se está convirtiendo en pasado. Eso no quiere decir que el pasado esté ya en la tumba; tú te desplazas por él a cada momento. Es por eso que el rebelde tiene que aprender un nuevo arte: el arte de morir a cada momento pasado, a fin de que pueda vivir libremente en el nuevo momento que llega.

Un rebelde es un contínuo proceso de rebelión, no se queda estático. Por eso hago una distinción entre el revolucionario y el rebelde.

El revolucionario no es más que un reaccionario.

Puede estar en contra de cierta sociedad, pero quiere otra sociedad. Puede estar en contra de una cultura , pero está dispuesto a aceptar inmediatamente otra cultura .Sólo sigue yendo de una prisión a otra prisión: del cristianismo al comunismo, de una religión a otra religión, del hinduismo al cristianismo. Cambia sus prisiones.

El rebelde se distancia del pasado y no permite nunca que el pasado le domine. Está en un proceso constante, contínuo. Toda la vida de un rebelde es un fuego que quema. Se mantiene fresco, joven hasta el último suspiro. No responderá a ninguna situación de acuerdo con su experiencia pasada, responderá a cada situación de acuerdo con su conciencia actual.

Para mí, ser rebelde es la única manera de ser religioso, y las llamadas religiones no son religiones para nada. Han destruido la humanidad completamente, esclavizando a los seres humanos, encadenando sus almas de tal manera que parece que fueras libre en lo superficial, pero en lo profundo de tu interior, las religiones han creado una cierta conciencia que continúa dominándote. Un rebelde es alguien que se deshace de todo su pasado porque quiere vivir su propia vida de acuerdo con sus propios anhelos, de acuerdo con su propia naturaleza, no de acuerdo con la de algún Gautama Buda o la de algún Jesucristo o Moisés.

El rebelde es la única esperanza para la humanidad futura.

El rebelde destruirá todas las religiones, todas las naciones, todas las razas, porque todas ellas están podridas, pasadas, impidiendo el progreso de la evolución humana.

No permiten que nadie florezca plenamente, no quieren seres humanos sobre la tierra; quieren ovejas.

El rebelde te respeta a ti, respeta la vida, tiene una profunda reverencia por lo que crece, lo que vibra, lo que respira. No se pone por encima de ti, no es más santo, más elevado; es simplemente uno más entre todos. Sólo puede afirmar una cosa: que tiene más valor que tú. El no puede salvarte; sólo tu valor puede salvarte. El no puede guiarte, sólo tus propias agallas te pueden guiar a la plenitud de tu vida.

La rebelión es un estilo de vida. Para mí es la única religión que es auténtica, porque si vives de acuerdo con tu propia luz, puedes perderte muchas veces, puedes caer muchas veces, pero cada extravío, cada caída te hará más sabio, más inteligente, más comprensivo, más humano. No hay otra manera de aprender que cometiendo errores. Simplemente no cometas el mismo error otra vez.

No existe más Dios que tu propia conciencia.

No hay necesidad de ningún papa o Ayatollah Khomeini o de ningún shankaracharya que sirva de intermediario entre tú y Dios. Estos son los mayores criminales del mundo porque están explotando tu incapacidad.

Todos los sacerdotes pretenden ser los intermediarios entre tú y la fuente suprema de la vida. Pero tu fuente de vida es la suprema fuente de vida, porque no estamos separados. Ningún hombre es una isla; en lo interno somos un vasto continente. Quizás en la superficie seas como una isla, y hay muchas islas; pero en lo más profundo estáis unidos. Sois parte de una tierra, de un continente. Lo mismo es cierto respecto a la conciencia.

Sin embargo uno tiene que liberarse de las iglesias, de los templos, de las mezquitas, de las sinagogas. Uno tiene que ser simplemente uno mismo y aceptar el desafío de la vida a donde quiera que te lleve. Solo tú eres tu guía.
Eres tu propio maestro.

Osho: el espíritu rebelde, #11

Darshan con Isha....

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